Viviendo entre redes imnalambricas
Vivimos rodeados de tecnología, de dispositivos que nos conectan con Internet allí donde estemos, de redes de muy diversos tipos y sobre todo de campos electromagnéticos que nos acompañan, queramos o no, en nuestras actividades cotidianas. A la mayoría de nosotros parece no importarnos su omnipresencia, otros muchos desconocen su existencia o ni se lo plantean. Sin embargo, también existen colectivos, cada vez más numerosos, que están convencidos de que dichos campos son perjudiciales para la salud humana. Algunos incluso huyen de ellos y buscan un lugar alejado del mundanal ruido electromagnético, de los teléfonos móviles, redes WiFi y señales de radiofrecuencia, pero a ser posible sin alejarse completamente de la civilización.
¿SON LAS REDES INALÁMBRICAS PERJUDICIALES PARA LA SALUD HUMANA?
La tecnología se implanta tan rápido que muchas veces no somos capaces o no queremos asimilar ni prever sus verdaderos impactos sociales a largo plazo. Si a esto le sumamos nuestra incapacidad técnica para predecir hechos causales complejos no inmediatos en los que intervienen múltiples factores ambientales y biológicos, el caldo de cultivo para la polémica está servido.
Esta controversia se alimenta cada cierto tiempo gracias a declaraciones de científicos, políticos y técnicos que se posicionan en uno u otro lado de la balanza. Hay quienes defienden la postura de que debe primar la prevención, ya que nadie tiene en su poder la verdad absoluta. Otros opinan que, como con los conocimientos altamente especializados actuales no es posible demostrar una relación causa-efecto directa, no hay por qué preocuparse, o por lo menos no de forma inmediata.

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